martes, 5 de enero de 2016





La luz penetraba por las pequeñas ventanas del viejo desván.


Era un lunes cualquiera y el tiempo parecía haberse detenido por un instante pero,
ella, seguía ahí. Lo demás... ya no estaba, todo había desaparecido.

Mientras María se balanceaba en la vieja mecedora, antiguos recuerdos acudían a sus
ojos cerrados. Claroscuros de una vida ya pasada, una sensación...

Ya nada volverá a ser como antes.

Y se preguntaba... ¿podré dejar aquí mis cosas?


La luz penetraba por las pequeñas ventanas del viejo desván.


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