viernes, 2 de septiembre de 2016

El enebro solitario






Todo

es flor de un día

apenas dura un instante

puedes verlo en el reflejo de lo que fuiste

sentirlo en esos vacíos emergentes

y oírlo cada otoño, cuando caminas sobre las hojas secas del robledal.



Cada hoja, cada crujido, es como una cicatriz que se abre camino en tu recuerdo

mientras el río fluye ajeno a tu dispersión, ajeno a tu locura

al otro lado del muro de piedras, redondeadas ya por el paso del tiempo.



Un poco más allá, un puente, con un arco de La Victoria

hordas de hormigas disciplinadas y algunos nenúfares erguidos

acompañan la soledad del ser, al brillante caballero

en un paseo solemne y absurdo

en el que la luz, ya no refleja las arrugas de tu rostro.



2 comentarios:

  1. Un muy buen escrito, te felicito por el enebro solitario. Un saludo

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  2. Gracias Paco, me alegro de que te guste.

    Suerte para el camino

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